Archive for 22 agosto 2015

Días de relax

BarcoMariposas

 

El viento nos lleva hacia a unos días de relax después de un verano de trabajo intenso. El aleteo de las mariposas acompañan y el Sol envía un besito.

 

Besito

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Mariposeando

mariposasB

En la soledad de la habitación, me asomo a la ventana, un pequeño pálpito, como una llamada y me suben las mariposas hasta el corazón.

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Uno de los (pocos) programas TV que últimamente me han enganchado es “This is Opera” emitido por RTVE. Me encanta el carácter entusiasta del presentador Ramón Gener y la manera en que toma una ópera, extrae el mensaje más importante que intenta transmitir la misma y lo utiliza como hilo conductor sobre el que intenta reflexionar a lo largo todo del programa.
Si no los han visto pueden hacerlo en la web de TVE a la carta, los recomiendo mucho. El primer programa que vi fue el de Turandot que me encantó y a partir de ahí empecé a verlos todos: La Bohème, La Traviata, Don Giovanni, Tristán e Isolda, Pélleas et Melisande …

De todos ellos hay uno que me llegó en especial: Parsifal. Parsifal fue la última ópera compuesta por Wagner. La música de Wagner no es nada fácil de entender pero si te dejas llevar por su mundo puedes llegar sentir verdadera fascinación. Está compuesta por pequeñas piezas que van encajando unas con otras a la perfección hasta formar un todo que te envuelve en su atmósfera. En la música de Wagner nada es casual, todo tiene un sentido.

La ópera de Parsifal es una obra muy simbólica y ambigua, que se presta a muchas interpretaciones. Trata de la búsqueda del Grial, que en el fondo no es otra cosa que la búsqueda del sentido de la vida, la búsqueda de la felicidad. La historia se reparte en dos escenarios antagónicos: el mundo de los caballeros encargados de la custodia del Grial y el mundo del castillo y jardín mágico de Klingsor. El primero es un mundo de hombres, muy dogmático y racional, donde los caballeros tienen que renunciar a sí mismos por el bien de la hermandad y se enfrentan a su propia naturaleza y a sus hormonas intentando rechazar sus instintos básicos de un modo espiritual y físico. El segundo es un mundo habitado por sensuales mujeres flor, donde no solo se da rienda suelta a las hormonas, sino que se provoca el abandono a las mismas y el olvido de la razón, para el beneficio del explotador del jardín: Klingsor, es un mundo que engulle a quien entra para hacerle esclavo de sus delicias.

El mundo de los caballeros del Grial entra en crisis cuando Amfortas, el Rey de los caballeros, sucumbe ante una de las mujeres del mago Klingsor, el mayor enemigo de la comunidad, no pudiendo resistirse a los encantos de esta mujer, irresistiblemente atractiva. Este descuido hace que pierda la lanza sagrada de la comunidad que pasa a manos de Klingsor. Amfortas es herido por su propia lanza y la herida no se cura. Es una herida abierta, cuya sangre fluye periódicamente como una menstruación y causa a Amfortas tanto dolor como vergüenza, ya que no es solo una herida física y no es solo la vergüenza de no haber cumplido con sus obligaciones como guardián de la lanza, es el propio dolor del amor, del amor sentido por la atractiva mujer y el dolor de la pérdida del amor propio al verse traicionado.

En medio de estos dos mundos deambula un joven inexperto: Parsifal, que no sabe aún quien es, de donde viene, ni adonde va, pero, al llegar en su deambular al mundo de Klingsor, sucede algo que lo cambia todo: El Beso de una mujer, Kundry, la misma que sedujo a Amfortas, que también quiere seducir a Parsifal en beneficio de Klingsor, pero en Parsifal produce otro efecto. De repente Parsifal al besar a Kundry toma conciencia de todo lo que le rodea, de la falsedad del beso de Kundry, de la falsedad del aparentemente atractivo reino de Klingsor, de dolor del amor y del dolor sentido por Amfortas y entonces grita como enloquecido: “Amfortas! Die Wunde! Die Wunde!” – (“¡Amfortas! ¡La herida! ¡La herida!”) y de repente se convierte en un hombre más fuerte y más sabio, que sabe cuál es su misión: devolver la Lanza al Reino de Grial y curar le herida de Amfortas. Entonces rechaza a Kundry que le maldice y cuando Klingsor le arroja la Lanza, Parsifal es capaz de cogerla al vuelo y el mundo de Klingsor se desvanece.

Lanza y Grial son algo simbólico, la Lanza representa lo masculino (falo sagrado) y el Grial lo femenino (vagina sagrada), así pues, la misión de Parsifal es volver unir lo masculino con lo femenino, que ambos sexos estén integrados y evitar los extremos de los excesos y las privaciones.

Depués de un larguísimo camino, Parsifal consigue llegar al reino del Grial, ya como un hombre sabio, y en el día de Viernes Santo, comienzo de la primavera, cuando la creación se renueva, por la muerte del Salvador, Parsifal toca con la Lanza a Amfortas, que es redimido y curado de su herida. Solo la Lanza podía curarlo, la Lanza que representa la virilidad en el sentido de fortaleza, firmeza, entereza, era lo que le faltaba a Amfortas para recuperar su amor propio.

Otro día hablaré del polifacético personaje de Kundry, que a lo largo de la obra respresenta a distintas mujeres, como las distintas opciones que podía tener una mujer en la época en que fue escrita la obra (finales del siglo XIX) siempre en un segundo plano de identidad y libertad respecto al hombre. Afortunadamente hoy en día las mujeres tenemos algunas opciones más. También podemos aspirar a ser una especie de Parsifal, recorrer el largo camino para llegar a ser un individuo completo en sí mismo, y a la vez, ser capaz de sentir el dolor de Amfortas como propio, tener una conciencia social de hermandad y ser capaz de amar con lo bueno y lo malo.

Dejo el maravilloso Preludio de la Ópera. En el minuto 6:04 se puede escuchar el leitmotiv de la Fe que comenta Ramón Gener en su programa, unas notas duras y secas que se repiten 3 veces, para representar una fe dogmática e impuesta, más adelante, después del beso de Kundry,  se escucharán las mismas notas pero de un modo mucho más dulce, para representar una fe no impuesta, sino por convicción.

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